¿QUE ES LA BISEXUALIDAD?

“La cultura heterosexista, está acostumbrada a ver todo solo en dos lados, pero nunca pensó que existiera algo más allá” Lic. Psic. Laura Paris
Gran parte de las personas conocen la “bisexualidad”; sin embargo, pocas saben reamente lo que significa. En países de occidente, por mucho tiempo, se ha socializado a los individuos bajo el esquema de género binario, con una visión heterosexista, de poder y control social sobre la toma de consciencia de su naturaleza sexual; la enseña que se transmite en la familia, la escuela y la sociedad, radica en que la única forma existente de orientación es la heterosexual. Esto hace que el sujeto se apropie de los prejuicios y la ignorancia de conceptos estereotipados sobre esta orientación, que van desde conceptos como ser hermafrodita(1), hasta transtorno psicológico y del comportamiento (F66- F66.X2), cuando hay una clara evidencia de atracción hacia miembros de ambos sexos(2).

(1)Real Academia Española (2) Clasificación de trastornos mentales CIE 10. Criterios de la OMS 

¿Pero entonces qué es realmente la bisexualidad? Es una orientación sexual, que se refiere al patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos(3). Al igual que las otras orientaciones, la bisexualidad es una de las muchas formas de diversidad sexual humana. La persona que se identifica con esta orientación, es aquella que tiene atracción erótico afectiva y/ o sexual por personas sin tener en cuenta el sexo o género. En otras palabras es una persona plurisexual. El reconocimiento y la aceptación de la orientación sexual bisexual no es una tarea fácil, pues debe cuestionar sus creencias de orientación impuesta heterosexual y pude pasar por el momento de confusión inicial experimentando en el mundo homosexual, cuestionándose y reflexionando sobre sí mismo y su gusto sexual, para identificarse con su orientación bisexual.

(3) APA. Respuestas a sus preguntas. Para una mejor comprensión de la orientación sexual y la homosexualidad

Stekel, psicoanalista y discípulo de Freud, planteó que la bisexualidad es una forma natural de ser humano, a diferencia de la heterosexualidad que es una norma social. Explica que esta forma de imponer las nomas impide que el sujeto psicológicamente hablando se sienta sano ya que debe tratar de ajustarse como un armario a los valores y las costumbres establecidas heterosexuales.(4)

(4) Cecco, J. Shevely M. (1984) Bisexual and homosexual identities: Critical theoretical issues. Library of congress. E.U.

El interés que tienen las personas bisexuales no tiene que consumar en relaciones con todos los sexos o géneros conocidos, cada quien tiene una experiencia propia de su bisexualidad, pero no por esto, significa que deje de serlo al momento de tener una relación monógama duradera con una persona del mismo sexo o del sexo opuesto. Ser bisexual es más complejo de lo que parece, la plurisexualidad abre un campo de naturaleza de diversidad sexual. Cada bisexual pueden identificarse de diferentes formas, según como se comporte, lo que les atrae y cómo conforma sus relaciones erótico, afectivas y sexuales. Cómo se comportan pueden ser Nobi, Bigénero, Agénero, Femenino y Masculino.

Los Nobi, son aquellos bisexuales que tienen arraigadas la heteronormatividad, bien sea por respeto, obediencia o simplemente por miedo de ser discriminados o señalados por la familia, el círculo de amigos y la misma sociedad, pese a que conoce sus verdaderas intenciones de orientación bisexual. Intentan comportarse como heterosexual, presentando solo parejas del sexo opuesto; los encuentros eróticos, afectivos o sexuales que tienen con personas que no participan de lo que considera la cultura ser heterosexual, son relaciones de periodos cortos y momentáneos, y niegan u ocultan cualquier existencia de éste.

Por otra parte están los Bigénero que son aquellos que se comportan alternando según su conveniencia con las dos normas de género de la cultura siendo femeninos/nas y masculinos/ nas, bien sea para el socioerotismo o conductas que realiza para entablar una relación amorosa, erótica o sexual con otro.

El Agénero que es aquel que no posee características comportamentales de las normas culturales para el género, así como, en su expresión de género no lo refleja ni ser femenino, ni ser masculino, logrando la confusión cuando otros lo observan.
Los bisexuales Femeninos, suelen comportarse con las características de las normas de género culturalmente aceptadas y pueden ser expresivos de sus emociones positivas como el amor y la alegría. Por último tenemos a los bisexuales Masculinos suelen comportarse con las características de las normas de género culturalmente aceptadas y pueden ser poco expresivos en las emociones negativas como la ira y el enojo.

Por otra parte los bisexuales también se diferencian según la atracción erótico, sexual y afectiva. En primera instancia tenemos a los Cissexuales o Plurisexuales. Su interés se dirige al mismo sexo y al sexo opuesto, o por las características comportamentales y expresiones de género femenino y masculino según las normas de género culturalmente establecidas.

Los Genderqueer o Polisexual, que sienten atracción erótica, afectiva y sexual por el sexo opuesto, mismo sexo y el intersexo o por las características comportamentales y expresión de género femenino, masculino y transgénero. Y, por último, está el Pansexual que siente atracción erótica, afectiva y sexual por todas las personas, cada individuo que se identifica como tal, tiene sus propias características particulares de qué tipo de persona le gusta. Su interés radica en el ser, independientemente está como se nombre.

Desde mi punto de vista cuanto más un bisexual se permita experimentar la diversidad sexual humana y deje atrás los estereotipos de la cultura heteronormativa, y más acepte su realidad plurisexual, tendrá la capacidad de escalar su interés hacia los otros empezando por ser plurisexual, pasando por la polisexualidad y llegando a la pansexualidad.

La conformación de pareja también hace parte de la diversidad bisexual. Primero tenemos a los monógamos que son personas que tienen una relación erótica, afectiva y sexual, exclusivamente con una persona independientemente de su sexo o género. Este tipo de relación desde el inicio se determina la exclusividad de pareja. Aquí el sujeto puede alternar o no parejas de diferentes sexos o géneros, pues las experiencias de atracción y de relación, son particulares y personales, pero no con esto, significa que deje de ser bisexual, si decide conformar una relación legal o de convivencia que perdure.

Y está el bisexual poliamoroso que significa que es una persona capaz de mantener una relación erótica, sexual y o afectiva con más de una persona al mismo tiempo o con varias personas simultáneamente, y solo necesita la voluntad y conformidad de los participantes. Éste tipo de conformación puede ser momentáneo, saltando entre lo monógamo al momento de necesitar solo la atención de una sola persona. O puede ser una decisión permanente de relación.

Por todo esto y lo que falta por descubrir, no asuma entonces una verdad absoluta de ser monosexual, dese la oportunidad de romper esquemas binarios y descúbrase a sí mismo, experiméntese, vaya más allá de lo que no se ha permitido, pues al salir del mundo monosexual, conocerá su mundo inexplorable de la plurisexualidad.

Laura Esther Arias Paris

Conocida como “París”, nació el 26 de diciembre de 1986 en Ibagué, (Colombia). Es licenciada en Psicología por la Universidad del Distrito Federal (México 2014), especializada en Coaching, Programación Neurolingüística y Terapia Racional Emotiva, (autodidacta) en Sexualidad por la Universidad de los Andes (Colombia), y en Primeros Auxilios Psicológicos por la Universidad de Barcelona (España). Siempre tuvo curiosidad por conocer la influencia familiar en el desarrollo de la sexualidad de las personas, por lo que se postuló para una beca con el proyecto titulado “La vida es más tranquila si aceptamos las diferencias”, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es la creadora en México DF del grupo de bisexuales “Bi positivo”, que tiene como finalidad la orientación psicológica, la organización de talleres y de actividades culturales con el fin de permitir el autoconocimiento, así como lograr identificarse con su bisexualidad, generar autoestima, conocer técnicas de afrontamiento, y mejorar la salud psicológica. https://www.facebook.com/bipositivomexico/

En mi tarda adolescencia ya no podía negar que las preferencias afectivas y sexuales hacia las personas del mismo sexo eran cada vez más claras. En esa época, después de haber rechazado durante años lo obvio, llegué a plantearme una idea muy simple. Igual era bisexual.

A mirarlo en perspectiva, desde el momento actual, esa idea era simplemente una manera para permitirme acercarme a la homosexualidad y a todas las consecuencias que conllevaba: sustituir gradualmente a esa confusión inicial la exploración del ambiente gay y de sus contradicciones, y llegar a integrar todo en una identidad suficientemente estructurada y flexible. Mi manera personal de vivir la homosexualidad.
En este proceso encontré bastante informaciones sobre las personas gais. Cómo diría una guía estándar para hombres homosexuales, había asociaciones, bares, cruising e, incluso, saunas. Esas informaciones podían ser correctas o incompletas, superficiales o sorprendentes. Pero las había. Eran los años ‘90.

A la hora de abordar el tema de la bisexualidad, mi primera pregunta tiene que ver con el nivel de accesibilidad a la información que la sociedad facilita a las personas bisexuales hoy en día. Hablamos de modelos y referentes, herramientas educativas, películas, personas conocidas directamente o indirectamente. Historias con las cuales confrontarse. Personalmente pienso que este nivel de accesibilidad sigue siendo muy bajo. Independientemente de los resultados del informe Kinsey, la bisexualidad sigue representando un terreno denso de prejuicios y de fáciles estereotipos reafirmados tanto por homosexuales como por heterosexuales. “Nosotros, por lo menos, tenemos las ideas claras” suele decir cierta gente; “solo es una fase” suele decir otra. Como si estar allí, en el medio, fuera algo demasiado complicado ya que va más allá del blanco y del negro.

Según último informe del Pew Research Center, que considera una muestra de 1200 personas LGTBI solo un 20% de la población bisexual admite que su orientación sexual es una parte importante de su identidad, frente a un 48% de gais y a un 50% de lesbianas.

Creo que este resultado puede ser un buen punto de partida para la reflexión, y que esa diferencia tan radical podría estar precisamente relacionada con el nivel de accesibilidad a la información sobre lo que significa ser bisexual en la actualidad, y con sus consecuencias.

Definiremos la identidad como la narración que una persona hace de sí misma mediando entre experiencias, necesidades e informaciones accesibles. Cada persona dará a los distintos aspectos el peso que le parezca más apropiado. Por ejemplo, yo podría ser bisexual y católico, pero en la narración que hago de mí sobre cada una de esta dos informaciones podría tener más importancia o más estabilidad. Ser católico podría ser tan relevante como para frenarme a la hora de tener relaciones sexuales con personas de mi mismo sexo (“me hace sentir culpable”) o podría ser un aspecto que va gradualmente perdiendo peso frente al otro (“soy católico pero no creo que esto tenga que ver con mi vida sexual”).

Una identidad bien estructurada es una narración en la cual hay elementos más estables, elementos menos estables y cierta apertura al cambio. En este caso la persona está constantemente en un proceso de crecimiento personal y consigue utilizar las contradicciones como posibilidad para construir una narración sobre sí misma siempre más completa.

En esta narración la orientación sexual puede tener mayor o menor relevancia. Si yo vivo en un contexto social en que ser homosexual o bisexual no tiene más importancia que ser rubio o moreno, tal vez ese aspecto no será tan relevante. Pero si yo vivo en un entorno en el que las posibilidades de la homosexualidad y de la bisexualidad no son contempladas, o son condenadas, o se han visibilizado después de años de lucha, cabe la posibilidad que mi orientación sexual se convierta en una cuestión esencial a la hora de definirme y que, incluso, pueda llevarme a cambios muy destacables.

Hablaremos de una identidad rígida cuando la narración que hago de mí no permite cambios. Pongo límites. Podría imponerme tener solo sexo ocasional con personas de mi mismo sexo. Podría decidir que nunca voy a hablar con nadie de mis preferencias sexuales. Podría aceptar mi homosexualidad pero convirtiéndome en un estereotipo y frecuentando personas que comparten sólo y exclusivamente ciertas características. A la hora de evitar confusiones y contradicciones, podría elegir el camino seguro, intentando mantener el control. El precio de esta alternativa es el crecimiento personal. Sigo haciendo siempre lo mismo, y no aprendo. Y cuanto más repito las mismas conductas, más se convierten en rituales vacíos. Frente a mi escasa capacidad de ser flexible, la frustración aumenta.

Hablaremos de una identidad difusa cuando no hay suficientes elementos estables en la narración que hago de mí, y por eso estoy totalmente expuesto al cambio. Si frecuento gente heterosexual, seré heterosexual. Si estoy con gente homosexual, diré que soy homosexual. Pero en el fondo podría tener solo una gran confusión, y de repente un día es cómo si ni siquiera supiera cuales son los valores, las preferencias y los principios que me definen, ya que siempre los decidieron los demás.

Hablaremos de una identidad fragmentada cuando frente a la imposibilidad de integrar distintas partes de mí, cada una empieza a tener cierta autonomía. Seguramente es este el mayor riesgo a largo plazo para una persona que no consiga satisfacer sus necesidades emocionales. Hablamos de hombres y mujeres que podrían vivirse en situaciones distintas como personas radicalmente diferentes. Ese buen padre de familia que cumple con todas las obligaciones sociales y que, de repente, se encuentra en una sauna tres veces a la semana, sin entender que está pasando. Esa mujer que pasa horas en frente al ordenador chateando con una chica y perdiéndose en un mundo de fantasías románticas sin considerar la posibilidad de conocerla en persona. La clave para entender este estado es la incoherencia: no podrían explicar el porqué de sus actos.

A la hora de trabajar con mis pacientes, me planteo muchas veces el tema de la identidad. Buscaron un psicólogo gay: tal vez estaban demandando cierto acceso a recursos e informaciones para entenderse mejor y para entender mejor su orientación sexual. Esta cuestión es particularmente importante a la hora de trabajar con personas bisexuales. Y no por el hecho de que lo sean sino, simplemente, porque a veces para estas personas es más complicado encontrarse y definirse en un mundo culturalmente acostumbrado al blanco y al negro; sobre todo si no encontraron nunca situaciones que les facilitaran la posibilidad de explorar y explorarse.

Cómo me comentó en una ocasión un paciente: tengo miedo. Ahora que decidí separarme de mi mujer, ahora que tendré que empezar a salir, y que me apetecería frecuentar chicos, tengo miedo. Siento no poder encajar y siento que he perdido mucho tiempo. Hasta ahora no llegué a plantearme nunca la posibilidad de una relación con un hombre. Hice todo lo posible porque solo fuera sexo. Y ahora me planteo si tendría las capacidades de frecuentar a un chico, y conocerle. Me cuesta mucho imaginarlo, nunca me permití hacerlo. Y tal vez llegado a este punto tengo miedo de no ser capaz.

Denis Pascon

Psicólogo clínico y psicoterapeuta, a lo largo de los años se ha especializado cada vez más en las temáticas del mundo LGTBI. Ha colaborado en el ámbito científico con el DPSS de la Universidad de Padova en investigaciones cognitivas sobre Stereotype Threat, etiquetas y prejuicios sociales. Ha trabajado en el ámbito clínico como psicólogo en terapia individual y de grupo. Actualmente es socio de la Asociación EMDR España y miembro de la 44 Division, el grupo del American Psychology Association dedicado al estudio de la población gay, lesbiana, bisexual, transexual e intersexual, y a la buena praxis clínica en este ámbito. http://www.apadivision44.org/

Moebius – Asociación desde su constitución en marzo de 2014 quisimos abrir nuestra asamblea a todo tipo de realidades no-monosexuales, es decir no homosexuales ni heterosexuales, que reflejara la pluralidad de prácticas y conductas sociales y especialmente la diversidad sexual. Por todo ello, en nuestro nombre como asociación damos visibilidad a tres orientaciones sexuales (bisexualidad, polisexualidad y pansexualidad) que se encuentran íntimamente relacionadas, pero en ningún momento esto significa cerrar nuestras asociación a otras realidades no-monosexuales que quieran participar y reivindicar una mayor visibilidad y derechos.
Las definiciones que tienes a continuación, fueron elaboradas y debatidas durante años entre diferentes grupos bisexuales en los que la mayoría de l@s activistas de Moebius participamos y que han sido de nuevo releídas y aprobadas en asamblea de Moebius el pasado 26 de julio de 2014.
Las banderas que están en el encabezado son de izquierda a derecha la bandera bisexual, la polisexual y la pansexual.

Bisexualidad: es la orientación sexual de quienes sienten atracción sexual, emocional y/o romántica hacia personas de más de un género y/o sexo, no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, al mismo nivel y con la misma intensidad.

Polisexualidad: orientación sexual de quienes sienten atracción sexual, emocional y/o romántica hacia personas de más de dos géneros y/o sexos pero no necesariamente todos los sexos y/o géneros, no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, al mismo nivel y con la misma intensidad.

Pansexualidad: orientación sexual de quienes sienten atracción sexual, emocional y/o romántica hacia personas de cualquier género y/o sexo,
no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, al mismo nivel y con la misma intensidad.

Bifobia: conjunto de sentimientos, actitudes y comportamientos negativos hacia las personas bisexuales presentes en todos los niveles sociales.

La bifobia se articula a través de:
– la negación,
– invisibilidad,
– marginación
– exclusión, y
– cualquier otro tipo de violencia hacia las personas bisexualidades y hacia la propia bisexualidad.

El movimiento bisexual contemporáneo surgió en los Estados Unidos a comienzos de la década de 1970, aunque ya desde el inicio del siglo XX habían existido grupos con tal vivencia, como la comunidad Bloomsbury de artistas y escritores.

Estos grupos orientaban su lucha hacia la liberación sexual y sus miembros estaban asociados, con mayor frecuencia, a comunidades heterosexuales en lugar que a las gais o lesbianas. Muchos bisexuales también fueron asociados con el movimiento homosexual temprano, que reclamaba la libertad sexual y el potencial de las personas para relacionarse sexualmente con ambos géneros. Conforme los activistas gais comenzaron a adoptar un modelo de identidad sexual “étnica”, con un carácter disyuntivo y excluyente, los bisexuales empezaron a enfrentar la exclusión por partes del movimiento gay y algunos decidieron crear comunidades y organizaciones específicamente bisexuales.

La “Declaración de Itaca sobre la bisexualidad”, escrita por el Comité Cuáquero de Amigos de la Bisexualidad, apareció en la revista The Advocate en 1972, anunciando una nueva conciencia bisexual a los lectores gay. Esta conciencia estaba influenciada por el paso de un activismo social hacia posiciones más personales, motivado por el final de la guerra de Vietnam, el incremento de la visibilidad gay, los movimientos feministas, por los derechos civiles y por un énfasis cultural en la ruptura de paradigmas y el autodescubrimiento (a menudo con la ayuda de psicotrópicos). Nació una era “chic” bisexual con un alud de artículos de prensa acerca de la bisexualidad, que implicó una intensa aparición de estrellas del rock y artistas como bisexuales. Los medios dirigieron su atención a la escena artística y a las celebridades más que a una política de liberación bisexual.

Los primeros grupos bisexuales surgieron en la década de 1970 en numerosas ciudades estadounidenses. El Grupo Nacional de Liberación Bisexual se fundó en Nueva York en 1972, vinculó numerosos miembros en el país y en el extranjero hacia 1975; y publicó The Bisexual Expression, probablemente el primer periódico dirigido a personas bisexuales.

Aparecieron asociaciones diversas en numerosas ciudades y al final de la década, se formaron grupos bisexuales en Europa incluyendo el London Bisexual Group en Inglaterra, el Edinburgh Bisexual Group en Escocia y el Landelijk Netwerk Bisexualiteit en los Países Bajos. A lo largo de este período, los bisexuales continuaron aportando activamente a los grupos y eventos gais y lésbicos.

Mientras las organizaciones de la década de 1970 fueron predominantemente masculinas, en la de 1980 fueron fundadas y lideradas por mujeres. Las mujeres bisexuales empezaron a experimentar formas de alienación por parte de las comunidades lesbianas ya que el separatismo y la polarización en torno a la orientación sexual se incrementó a finales de los años 1970. Para muchas mujeres, la bisexualidad era una parte integral de su política feminista y deseaban que sus grupos reflejaran dicho énfasis. La Red de Mujeres Bisexuales de Boston (fundada en 1983) y la Red de Mujeres Bisexuales de Seattle (en 1986) estaban basadas en tales principios.

En la década de 1980 fue constante la formación de grupos bisexuales en diversas ciudades y regiones de los Estados Unidos, al igual que grupos en Nueva Zelanda, Alemania, Finlandia y Australia. Se formaron también los primeros grupos dedicados específicamente al activismo político bisexual como San Francisco’s BiPol (1983), Boston’s BiCEP (1988) y New York City’s BiPAC.

El SIDA tuvo un profundo efecto en el movimiento bisexual. Los hombres bisexuales fueron estigmatizados como propagadores del VIH en la cadena de transmisión homosexual-heterosexual y pronto se culpó también a las mujeres bisexuales de propagar la infección entre las lesbianas. Surgió una intensa polémica alrededor de la distinción entre conducta sexual e identidad sexual y eso llevó al reconocimiento de que muchas mujeres que se identificaban a sí mismas como bisexuales no tenían sexo con hombres, mientras muchas mujeres autoidentificadas como lesbianas sí lo tenían. Funcionarios de salud pública y activistas comenzaron igualmente a señalar las prácticas no protegidas, y no la identidad sexual, como factores de riesgo de infección por VIH. Muchos líderes del movimiento bisexual enfermaron o murieron, y muchos otros enfocaron su atención hacia el activismo y el trabajo social relacionado con el SIDA.

En 1987, setenta y cinco personas respondieron al llamado por una participación bisexual en la Marcha sobre Washington por los Derechos Gais y Lésbicos, en lo que se puede considerar la primera asamblea bisexual en Estados Unidos. Con ello, empezó a discutirse la creación de una organización nacional o continental de bisexuales, lo que dio origen a la Red Bisexual Norteamericana en Formación (North American Bisexual Network in Formation, NABN), que tras varios nombres y discusiones se convirtió en 1991 en la Red Bisexual de Estados Unidos, BiNet (Bisexual Network of the USA). En octubre de 1991 se realizó la Primera Conferencia Internacional de Bisexualidad en Amsterdam, con la asistencia de bisexuales de varios países. Desde entonces, fueron llevados a cabo numerosos encuentros internacionales en los Estados Unidos, Europa y Australia, dentro de los cuales, hay que destacar la Primera Conferencia de la Fundación Europea de Bisexuales, realizada en Rotterdam, en la perspectiva de la creación de una red continental que respondiera a los retos de la expansión de la Unión Europea. El evento se denominó «Preferencias iguales, diferentes estilos de vida», para señalar las diversas formas que los y las bisexuales tienen para vivenciar y expresar sus preferencias sexuales.

Más allá de los encuentros en diversas partes del mundo, es interesante aludir al proceso que ha llevado a legitimar cada vez más la presencia de bisexuales dentro de los grupos organizados que reclaman autonomía y libertad en la sexualidad. No sólo se ha extendido cada vez más la sigla GLBT para aludir a gais, lesbianas, bisexuales y transgeneristas, a menudo conformados como un movimiento de confluencias de intereses, aunque con vivencias particulares, sino que los bisexuales fueron un puntal importante en la conformación de Queer Nation en 1990 por parte de jóvenes activistas. Con su énfasis en la diversidad, la política radical y la acción directa, este movimiento representó una oportunidad para personas que se desilusionaron por la cooptación y la falta de compromiso político de las organizaciones gay y bisexuales existentes. Sectores de dicho movimiento enfatizan la inclusión de bisexuales, transgeneristas y otras minorías sexuales bajo la sombrilla queer, mientras otros sectores acogen menos a aquellos que no son exclusivamente homosexuales.

El panorama del cambio de siglo registra la explosión del fenómeno multicultural (quizás podría decirse multisexual y multigenerizado) dentro del movimiento: se han redoblado los esfuerzos de visibilización de los negros, y los transgeneristas se han hecho mucho más activos dentro de las comunidades bisexuales, pues a menudo permanecen escondidos y excluidos dentro de los grupos de un sólo sexo. Sus preocupaciones están recibiendo hoy una atención mayor y muchos bisexuales transgeneristas y no transgeneristas enfocan su atención a romper las categorías polares del género.

En general, podría afirmarse que subsiste una tensión en el movimiento entre el deseo de proclamar con orgullo una identidad bisexual, construir comunidades bisexuales fuertes y la intención de menoscabar el énfasis de la división social en etiquetas y categorías. Algunos activistas bisexuales apuestan a una ruptura categorial insistiendo en que la sexualidad y el género pueden ser vistos como un espectro, que no conlleva un “nosotros” y un “ellos”. Otros activistas resaltan la necesidad de luchar contra la homofobia en la sociedad, así como contra la bifobia entre gais y lesbianas.

Colombia y el proceso de Paz
En Colombia no se puede hablar de un movimiento bisexual, lo que se registra, más bien, son esbozos de reivindicación de dicha orientación. Se puede situar en Bogotá el proceso de legitimación dentro del grupo Triángulo Negro, creado originalmente como un grupo lesbiano en 1996, que hoy se presenta como de mujeres lesbianas y bisexuales, así como el surgimiento ese año del grupo Mujeres al Borde, con el mismo doble carácter.

Para el caso de los hombres, la visibilidad de la bisexualidad se ha dado por cuenta de los medios de comunicación. Con frecuencia, los hombres bisexuales han sido señalados como actores de una “doble vida” o como transmisores del VIH, sin que alguno haya salido a la palestra pública para reivindicar ora la práctica, ora la identidad bisexual. No obstante, en los últimos años ha sido muy interesante el proceso vivido dentro de Planeta Paz, proyecto que pretende visibilizar actores sociales tradicionalmente excluidos en la elaboración de una salida negociada al conflicto armado y, en general, en la construcción de país. Dicho proyecto incluyó a los colectivos de gais y lesbianas, como uno de los catorce sectores participantes dentro de los que se cuenta mujeres, jóvenes, campesinos, indígenas, negros, ambientalistas, sindicalistas, artistas, entre otros. La dinámica interna de los hombres y de las mujeres que respondieron al llamado, devino en la inclusión de transgeneristas y bisexuales.

Aunque la participación de los y las bisexuales ha sido minoritaria, existen varios asuntos a resaltar: primero, la propia inclusión de bisexuales; segundo, el hecho de estar ligados a un proyecto que no apuesta a una dinámica de gueto, sino que está interesado en trabajar mancomunadamente por el país, no sólo con los grupos que confluyen en el sector sino con otros sectores sociales; y, tercero, un cuestionamiento latente al modelo esencialista de la sexualidad y del género, que se reconoce en el hecho de que “personas” aparece como sustantivo y “bisexuales”, al igual que “gais”, “lesbianas” y “transgeneristas”, como adjetivos, lo que implica el principio de reconocimiento del dinamismo y de la fluidez en los procesos de subjetivación, quizás nunca constituidos y siempre constituyentes.

El germen del antibinarismo
Vemos como los movimientos bisexuales en los ámbitos internacional y nacional han aludido en varias ocasiones a una paradoja: en el intento por escapar de las etiquetas binarias, los y las bisexuales han terminado aferrándose a la bisexualidad, que al expresar la idea de la combinación de las dos orientaciones sexuales admitidas, no ha podido escapar de ese mismo binarismo. Sería más interesante explorar una concepción alternativa de la bisexualidad, como la que plantea Marjorie Garber en su obra Vice Versa. Ella sospecha que la bisexualidad no es en realidad una orientación sexual más, es, por el contrario, una sexualidad que deshace la orientación sexual como categoría, una sexualidad que amenaza y cuestiona el fácil binomio de hétero y homo, e incluso, por sus significados biológicos y psicológicos, las categorías de género masculino y femenino. En sus palabras, en lugar de designar a una minoría invisibilizada, a la que aún no se le ha prestado suficiente atención y que ahora está encontrando su lugar bajo el sol, la bisexualidad como las mismas personas bisexuales, resulta ser algo que está en todas partes y en ninguna. En síntesis, no hay una verdad acerca de ella. La pregunta de si alguien fue ‘en realidad gay’ o en ‘realidad hétero’ tergiversa la naturaleza de la sexualidad, que es fluida y no fija, una natatoria que cambia con el tiempo en lugar de una identidad estable, aunque compleja. El descubrimiento erótico que aporta la bisexualidad es la revelación de la sexualidad como un proceso de crecimiento, transformación y sorpresa, no un estado del ser estable y plausible de ser conocido.

Annamarie Jagose (Queer Theory. An introduction. New York University Press, Nueva York, 1996) ha ido más allá al proclamar la bisexualidad como un punto de avance ético, político y del conocimiento desde el cual podemos deconstruir los marcos bipolares del género y la sexualidad. Si el sujeto es diferente dentro de sí mismo, la bisexualidad no se construye en relación con la otredad exterior, sino con la propia diferencia; así, la bisexualidad representa la posibilidad de problematizar y minar el sistema dicotómico total.

Esa perspectiva parece más potente para interpretar a la bisexualidad por ser aquello que no se acomoda, aquello que se plantea como arena movediza y no como los dos bloques de hormigón de las concepciones sexuales tradicionales. Empresa que no es fácil, porque implica traicionar a Aristóteles y los fundamentos mismos de la cultura de Occidente, atreverse a pensar desde otras lógicas. En esa misma vía han dicho Deleuze y Guattari (Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. Valencia, 1994, pág.138), en su tratado de antibinarismo fundamental “[…] la sexualidad se explica mal por la organización binaria de los sexos, y no se explica mejor por una organización bisexuada de cada uno de ellos. La sexualidad pone en juego devenires conjugados demasiado diversos que son como N sexos, toda una máquina de guerra por la que el amor pasa […] La sexualidad es una producción de mil sexos, que son otros tantos devenires incontrolables”.

Carlos Iván García Suárez 
Investigador independiente y periodista colombiano, licenciado en Filología e Idiomas, especialista en Comunicación y Educación, y doctor en Ciencias Sociales Niñez y Juventud. Es cofundador y miembro, desde 1996, del Colectivo Hombres y Masculinidades.  Entre sus obras al respecto del tema cabe destacar, “Bisexualidad: de la tercería a la ruptura de las dicotomías” en Colombia Universitas Humanistica  ISSN: 0120 4807  ed: Editorial Pontificia Universidad Javeriana v.XXIX fasc.53 p.123 – 131,2002. Y, junto con Javier Omar Ruiz Arroyave el libro Masculinidades, hombres y cambios. Manual conceptual. Editorial Diakonia, Bogotá 2010 ISBN: 978-958-99279-1-5